LA PARTE DE LA FORTUNA es un punto imaginario en los cielos, que se supone que es un moderador que contiene el mismo poder que las luminarias, pero que en realidad no es más que un fantasma incubado en el cerebro figurativo de Ptolomeo, que no tiene influencia alguna, salvo que la influencia puede surgir de la nada. Era una máxima favorita de ese autor tener todo, como diría su abuela, "ordenado como en una tarta de manzana": de ahí que los 12 signos se dividieran en 4 trígonos, para adaptarse a los 4 elementos; los planetas estaban todos acomodados entre ellos con Casas, Triplicidades y Exaltaciones, y el conjunto separado en fragmentos se dividió entre ellos por Términos: tenían sus Carros, Tronos, Alegrías, Sexos; tres de ellos eran diurnos y tres nocturnos, y el extraño uno o ninguno, según le convenía; tenían cuartos orientales y occidentales asignados; Cada uno de ellos tenía una nota musical confiada a su cuidado y, en resumen, todo el universo estaba repartido ...