TERMINOS, un concepto controvertido en Astrologia
TÉRMINO. Los términos son ciertos grados en un signo, que se supone poseen el poder de alterar la naturaleza de un planeta a la del planeta en el término en el que se encuentra. Por lo tanto, un maléfico en el término de f o d perdería gran parte de su poder anarético y apenas sería capaz de matar, y un benéfico en el término de un maléfico sería igualmente incapaz de salvar. Esta noción de términos (que me parece muy ridícula) es muy antigua; pues Ptolomeo menciona 2 conjuntos de términos, uno egipcio y otro caldeo, ninguno de los cuales aprueba, ni parece saber mucho sobre este último, ya que, aunque dice haber encontrado un escrito antiguo que contenía la razón, el orden y la cantidad de ellos, no lo ha insertado en ninguna parte.
El orden de los términos, según lo establecido por el propio Ptolomeo, es el siguiente: Cada estrella que tiene 2 dignidades en un signo, ya sea por Domicilio, Exaltación o Triplicidad, tiene el primer lugar, sea benéfico o maléfico; pero, si tiene solo una dignidad, por grande que sea, los maléficos siempre se colocan al final. La más alta de todas estas dignidades esenciales, según Ptolomeo, era la Exaltación; luego, la Triplicidad, y en tercer lugar, el Doicilio; pero los modernos han considerado apropiado poner el Domicilio primero. Por lo tanto, el señor de la Exaltación (si la hubiera) tenía la primera opción si era benéfico; después de él, el señor de la triplicidad, si era benéfico; y en tercer lugar, el señor del Domicilio. El a y b, al no tener cualidades particulares propias, no tenían términos asignados. Si no había ningún regente que tuviera dos testimonios en un signo, o en los otros dos signos del cuadrante, entonces f y d tenían 7 partes cada uno; d y e, 5 partes cada uno; y quedando 6 partes, se le asignaron a Mer, ya que era común a ambos lados de la cuestión. Si algún planeta tenía 2 dignidades en algún signo del cuadrante, se le asignaba una mayor cantidad de grados, y la deficiencia recaía sobre d o f, debido a la lentitud de su movimiento. Como los luminares no tenían términos, los maléficos compensaban en cierta medida la desgracia en otros signos, tomando las primeras partes en ellos. Estas son las reglas establecidas por Ptolomeo, quien condena los términos egipcios, porque no se formaron según ninguna regla conocida, y el egipcio podría haberle devuelto el cumplido, pues los suyos no están dispuestos ni siquiera según su propia regla. Son las siguientes:
Para quienes puedan comprender este disparate de Ptolomeo, la tabla anterior les resultará sumamente útil. A mí me resulta completamente ininteligible, y me cuesta mucho descubrir cómo Plácido pudo conciliar estas ideas con los dictados de la razón que tanto alardeaba tener como guía.
En cualquier término en el que se ubique un planeta, este denota que la persona a la que representa tiene la disposición del regente de ese término, ya sea el suyo propio o cualquier otro, pero no hace referencia ni a la riqueza ni a la pobreza, ni a ninguna condición de vida. (Wilson)

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