Tratado de Astrología del Marqués de Villena siglo XIV
Tratado de Astrología del Marqués de Villena siglo XIV
Alano, doctor famoso y poeta especulativo, hablando de la ociosidad en el prólogo del Comentario astrológico sobre Ptolomeo dice: «La vida sin fruto peor es que muerte». El mismo Isidoro, De sumo bono, dice: «Aquel es siervo que vive según sí mismo». Asimismo, Aristoxeno dice: «Quien complace a los otros más que a sí mismo, de sí mismo siervo hace señor». También dice en el Libro del amorío Tullio: «Pasión propia es del amor servirse el amado del amador». Por Resvalio fue, por tanto, considerada la vida sin fruto como muerte; y vivir según sí mismo, servidumbre; y complacer a los nobles, dignidad; y que propio del buen servidor es imaginar en qué hará servicio a su señor.
Por ello, pensé, mediante la bondad de Dios, enderezaros por servicio del caballero don Enrique de Aragón, señor de Iniesta, que me compiló esta parte de la astrología escogida con las muchas piezas y pasajes de su invención, para que podáis loar y examinar en nuestro obispado de Burgos. Por lo cual suplico a los lectores tengan atención y, si no lo trasladé bien, lo someten a corrección de la santa Iglesia.
Y por tanto, esta obra estará dividida en dos partes. En la primera trataré de los elementos en general y de cada uno en particular. Y en la segunda parte trataré de todos los cuerpos esféricos según sus movimientos. Y para ello pondré primero dos capítulos: en el primero diré de qué manera Dios creó el mundo, para dar comienzo en este tratado a mi razón; en el segundo diré del alma principiada: es perpetua y es medio con el cuerpo, composición de todas las cosas que Dios creó.
Parte primera
En qué manera Dios creó el mundo
Dios, principio no comenzado, creó el mundo de cuatro maneras, que conviene saber: idealmente, materialmente, formalmente y ordinalmente. Digo primero que Dios creó y formó el mundo idealmente, que impropiamente, hablando, quiere decir por imaginación o semejanza; porque antes de que el mundo fuese, en su deidad estaba la imagen y figura del mundo con todas las cosas; y esto fue eternamente en su deidad, así que su pensar no tuvo comienzo. Y si alguno dijese qué hacía Dios antes del mundo, se diría que hacía el mundo en semejanza, porque aquel pensamiento estaba en sí tan apartado, que Dios de él podía figurar y moldear aquello que Él quisiese. Y esto llamaron los griegos antiuros, que quiere decir «mundo en semejanza». Y, por tanto, dijo Aristóteles que el mundo no tuvo comienzo, conviene saber idealmente.
Lo segundo: Dios creó el mundo materialmente, porque después que eternamente lo imaginó, impropiamente hablado, hizo de la nada una gran materia sin figura ni semejanza, a la cual los griegos llaman ὕλη (hylé).
Lo tercero: Dios creó el mundo formalmente, porque después que hubo hecho esta gran materia, como le plació la puso en obra, según su buen ordenamiento, y lo hizo en seis días y al séptimo descansó, no porque estuviera cansado sino porque todas las cosas estaban acabadas. Y algunos dicen que juntamente hizo Dios todas las cosas, según aquel decir: «Qui creavit simul omnia», que quiere decir «Él creó todas las cosas juntamente». Y así parecen estos dichos ser contrarios. A esto puede responderse que una cosa, considerada por diversas maneras, no trae contradicción. Ejemplo en la narración que hablamos; porque, si consideramos el mundo hecho formalmente u ordenadamente, en esta manera decimos lo que dijo Moisés; si lo consideramos en la primera o segunda manera, de esto es la segunda autoridad, y así la razón no está contra la significación literal. Y si alguno dice pues que tal orden y regla estaban en todas las cosas y cuerpos celestiales y la tierra era tal como ahora, decimos que no; porque luego que creó Dios el mundo, según dice el Maestro de las Historias escolásticas encima del Génesis, en el capítulo segundo, dice que la tierra era vana y vacía, porque era como abismo sin forma ni apariencia, y los griegos la llamaron caos. Y, por tanto, dijeron los judíos, además de aquello donde dice «el Espíritu del Señor se movía sobre las aguas», que se movía encima como hace la paloma sobre los huevos.
Y de esto tenemos que, si alguien preguntase al comienzo del mundo dónde estaban los cuatro elementos, respondemos que donde están ahora, aunque no de la misma manera respecto a sus composiciones; porque el Señor, en el sexto día, adornó la tierra de animales y creó al hombre a su semejanza; en el quinto día se pobló el agua de peces y el aire de aves; en el cuarto día se formó y dispuso el fuego de estrellas fijas y planetas; y, por tanto, dice Moisés en el capítulo primero: «Haya lumbreras en el firmamento del cielo, para separar el día de la noche y sean por señales para tiempos y años». De lo cual hablando el Maestro de las Historias en el capítulo sexto dice: «El Espíritu Santo no solamente quiso que fuesen las estrellas y planetas por hermosura y luz, sino aún quiso que fuesen señal de los buenos y malos tiempos», que son conocidos y repartidos por los doce signos.
Y si alguno dice: pues parece que el hombre y las bestias y animales no fueron hechos de los elementos; a esto decimos que, las estrellas así creadas, siendo por naturaleza de fuego, empezaron a moverse y, al moverse, calentaron el aire, y el aire calentó el agua, y del agua la tierra, y de ahí fueron criados todos los animales por mezcla de los elementos.
Aquí puede alguno decir: ¿por qué no fueron todos de una misma condición? Decimos que aquellos que tomaron más del fuego y del aire fueron más ligeros, así como las aves; y aquellas que tomaron más de fuego que de aire vuelan más ligeras, como el gavilán, el abejaruco o el vencejo; y las otras que tomaron más de aire o de agua vuelan más pesadas, como los ánades, los milanos, las garzas y otras semejantes. Y de las que tomaron más del fuego fueron coléricos, como el león, ligero y colérico; y los que tomaron más de la tierra son melancólicos, como el buey y el asno; y los que tomaron del elemento del agua fueron flemáticos, como los peces, especialmente los sin escama.
Y de esa parte en la cual fueron igualmente concertados los elementos fue hecho el hombre. Por esto dice Moisés en el primer capítulo: «Formó Dios al hombre del limo de la tierra». Y de su costilla formó a Eva y hizo sus almas de la nada. Y, por tanto, si alguien preguntase qué cosa hizo Dios de mayor dignidad, responden los sabios que el hombre, y esto por muchas razones, especialmente por dos: la primera, porque los elementos ya estaban entre sí muy bien igualados y concertados y los planetas fuera de los lugares donde comenzaron a moverse, según lo afirman todos los astrólogos que de esto tratan; la segunda razón fue porque Dios hizo solamente al hombre y mandó que las demás cosas fuesen hechas, pues ciertamente es mayor hacer la cosa que mandar que se haga. Y si alguien dice cuáles cosas durarán para siempre, decimos que aquellas que fueron hechas de la nada, así como los espíritus, las almas, y que todas las otras cosas volverán a aquello de que fueron compuestas. Testimonio de filósofos.
Y, por tanto, el mal tendrá fin y el bien nunca perecerá. Y si alguien pregunta por qué el mal tendrá fin y el bien no, decimos que el mal lo introdujo el diablo y no porque lo hiciera Dios; por eso el mal es nada, porque todas las cosas que son sin Dios son nada, pues Dios no hizo el mal, aunque algunos piensen que existen dos naturalezas, una del bien y otra del mal, y que el bien lo hizo Dios y el mal el diablo; esto es falso porque el mal no es naturaleza, aunque lo hallase el diablo cuando pecó.
Que el mal no sea por naturaleza puede demostrarse por la razón: toda naturaleza o es sin comienzo o es comenzada; si es sin comienzo, así es Dios, que no tiene comienzo y es principio de todas las cosas. Y si es comenzada, lo es de dos maneras, porque o es perpetua o no; si es perpetua, así son las cosas creadas de la nada, según se dijo; si no es perpetua, duradera, así son todas las cosas resolubles. Y como el mal no es ninguna de estas cosas, se sigue que no es cosa. Porque si viene sobre la criatura buena, la corrompe en su naturaleza propia; y cuando se aparta de ella, la criatura queda sana. Además, el mal no tiene cierto lugar ni su fin. Y si alguien dice que el bien tampoco está en un lugar, sino en muchos, le diría que el bien únicamente está en Dios por esencia y en las demás cosas por gracia. Y si alguien me arguyera que semejante al mal es el diablo, yo le diría, salvo gracia, que si el mal fuera esencialmente en el diablo, en el mismo instante en que Dios creó al diablo el mal ya estaría en él y, aunque pecara, no tendría pena, lo cual es falso.
Y, por tanto, de estas razones nacen dos conclusiones: la primera, que el buen uso es conforme a la naturaleza; la segunda, que el mal uso es contra la naturaleza. Por eso no debe nadie maravillarse de que el mal sea tan reprendido, porque no tiene nada de naturaleza, sobre lo cual se funda toda la Sagrada Escritura. Y de aquí nacen dichos comunes de los doctores, que más pesa un pecado mortal que todo el mundo.
Lo cuarto: Dios creó el mundo poniendo orden en todas esas cosas que creó. Y esto fue cuando, ya creado todo, puso la naturaleza de cada cosa sobre sí y estableció sus ciertos cuerpos y derechos, cómo han de engendrar, nacer, crecer y morir, según la fuerza, propiedad y naturaleza de cada una de ellas. Y así toda la obra de generación y corrupción fue encomendada desde el comienzo del mundo a la naturaleza, según fundamento de la filosofía. Y para conocer esto bien, fueron halladas las ciencias liberales, sin las cuales nadie, por sutil que sea, puede tener conocimiento de la naturaleza; porque si no conocemos perfectamente por las ciencias todas las cosas, es por defecto de nuestro débil juicio, mas no por defecto del arte, de lo cual dice el Filósofo en el segundo libro de Metafísica: «Así como los ojos de la lechuza son incapaces ante la claridad del sol, así nuestro entendimiento ante todas las cosas que son muy ciertas en la naturaleza; pues si no las entendemos es por nuestro defecto y no de la naturaleza, porque en ella no hay defecto alguno».
Fuente: Biblioteca Nacional de España

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