El moderno fascismo de EEUU
El moderno fascismo de EEUU
En los últimos meses, las redadas y controles migratorios en Estados Unidos se han extendido con más fuerza y violencia por todo el país. En Minnesota, las actuaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), sobre todo durante el gobierno de Donald Trump, provocaron incidentes graves. Para entender lo que pasa hoy, conviene mirar atrás y recordar que la violencia y el racismo no son algo nuevo en la historia del país.
Desde el siglo XIX han surgido en Estados Unidos movimientos que decían defender a los “nativos” pero en realidad atacaban a los inmigrantes y a las minorías. Uno de los primeros fue el grupo conocido como los Know‑Nothings, y más tarde la American Protective Association, también hostiles hacia los inmigrantes. Tras la Guerra de Secesión, en el sur del país aparecieron grupos como la White League y los Red Shirts, que usaron la violencia para impedir que las personas negras votaran o participaran en la política.
En 1919 se vivió el llamado “Verano Rojo”… El Ku Klux Klan volvió a ganar fuerza, especialmente en estados del Medio Oeste como Minnesota. En los años veinte y treinta apareció además laBlack Legion, una organización paramilitar que atentó contra sindicalistas, inmigrantes, católicos y judíos.
Todos estos movimientos tenían algo en común: inventaban enemigos, negaban la humanidad de los otros y usaban el miedo o la violencia para imponer sus ideas. Algunas veces actuaban en secreto; otras contaban con el apoyo o la tolerancia de las autoridades. Las consecuencias siempre eran las mismas: miedo, familias desplazadas y pérdida de confianza en las instituciones.
Hoy, las operaciones del ICE son diferentes en su forma —es una agencia estatal con base legal—, pero cuando sus métodos se vuelven militares y sin control efectivo, los efectos en la sociedad pueden parecerse. Las redadas nocturnas, los allanamientos, las deportaciones rápidas y los casos en los que hay muertes generan un profundo clima de terror e inseguridad. La principal diferencia es que una violencia procede de grupos ilegales y otra del propio Estado, con respaldo legal.
A lo largo de la historia también han existido ideas que justificaban la exclusión. Desde finales del siglo XIX se difundieron teorías raciales y pseudocientíficas que daban respaldo “intelectual” a discursos racistas. Algunos pensadores mezclaron estas ideas con nacionalismos o creencias místicas para justificar la superioridad de unos grupos sobre otros.
Minnesota no solo aparece como escenario literal, sino también simbólico. Es un estado marcado por la inmigración y los conflictos sociales, donde el frío extremo se convierte en metáfora: ICE —“hielo”— como imagen de una ley que se aplica sin alma, con la frialdad de una máquina. Cuando las instituciones actúan sin transparencia y sin límites, dejan de ser herramientas de justicia para convertirse en fuentes de sufrimiento.
La historia deja una enseñanza clara: cuando una sociedad permite que se deshumanice a unas personas o que se use la violencia sin control, se abre la puerta a repetir los mismos errores del pasado. No se trata de decir que todo va a repetirse exactamente igual, sino de reconocer que el racismo y el abuso del poder pueden adoptar formas nuevas.
Por eso, entender lo que ocurre con el ICE hoy exige memoria y responsabilidad. Hacen falta controles democráticos, transparencia en las operaciones, apoyo legal a las víctimas y políticas que garanticen la dignidad de todas las personas, sin importar de dónde vengan. Solo así se puede romper el ciclo de impunidad, miedo, terror y exclusión que tantas veces ha marcado la historia de Estados Unidos.

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