7.- EL DESTRONAMIENTO DE CRONO



 

Robert Graves: "Los mitos griegos"

Traductor:Luis Echávarri, revisión: Lucía Graves


a. Crono se casó con su hermana Rea, a quien está consagrado el roble[1]. Pero la Madre Tierra y su moribundo padre Urano profetizaron que uno de sus hijos lo destronaría. En consecuencia, cada año devoraba a los hijos que le daba Rea: primeramente a Hestia, luego a Deméter y Hera, y más tarde a Hades y Posidón[2].
b. Rea estaba furiosa. Dio a luz a Zeus, su tercer hijo, en plena noche en el monte Liqueo de Arcadia, donde ninguna criatura proyecta su sombra[3] y, después de bañarlo en el río Neda, lo entregó a la Madre Tierra, quien lo llevó a Licto en Creta y lo ocultó en la cueva de Dicte en el monte Egeo. La Madre Tierra lo dejó allí para que lo criaran Adrastea, una ninfa del Fresno, su hermana Io, hijas ambas de Meliseo, y la ninfa-cabra Amaltea. Se alimentaba de miel y bebía la leche de Amaltea, con el chivo Pan, su hermano adoptivo. Zeus estaba agradecido a las tres ninfas por su bondad y cuando llegó a ser el Señor del Universo puso la imagen de Amaltea entre las estrellas, como Capricornio[4] y También tomó uno de sus cuernos, que parecía el de una vaca, y se lo dio a las hijas de Meliseo; se convirtió en la famosa Cornucopia, o cuerno de la abundancia, que está siempre lleno de todos los alimentos o bebidas que su poseedor pueda desear. Pero algunos dicen que Zeus fue amamantado por una cerda y cabalgaba montado en su lomo, y que perdió su cordón umbilical en Onfalión, cerca de Cnosos[5].
c. Alrededor de la cuna dorada del niño Zeus, la cual colgaba de un árbol (para que Cronos no lo pudiera encontrar ni en el cielo, ni en la tierra, ni en el mar) se hallaban los Cúreles armados, hijos de Rea. Golpeaban sus lanzas contra los escudos y gritaban para ahogar el llanto del niño, por temor a que Crono pudiera oírlo desde lejos. Rea había envuelto una piedra en pañales y la había entregado a Crono en el monte Taumacio de Arcadia y él la había devorado, creyendo que devoraba al niño Zeus. Sin embargo, Crono descubrió lo que había sucedido y persiguió a Zeus, quien se transformó a sí mismo en una serpiente y a sus nodrizas en osos: de aquí las constelaciones de la Serpiente y las Osas[6].
d. Zeus llegó a la virilidad entre los pastores del Ida, ocupando otra cueva; luego buscó por todos lados a Metis y la Titánide, quien vivía junto a la corriente del Océano. Por consejo de ella visitó a su madre Rea y le pidió que le nombrara copero de Crono. Rea le ayudó de buena gana en su venganza; le proporcionó la pócima emética que Metis le había encargado mezclar con la bebida dulce de Crono. Cuando Crono hubo bebido en abundancia vomitó primeramente la piedra y luego a los hermanos y hermanas mayores de Zeus. Salieron ilesos y, en agradecimiento, le pidieron que los encabezara en una guerra contra los Titanes, quienes eligieron al gigante Atlante como jefe, pues Crono había pasado ya de la flor de la vida[7].
e. La guerra duró diez años, pero al final la Madre Tierra profetizó la victoria para su nieto Zeus si éste tomaba como aliados a aquellos a quienes Crono había confinado en el Tártaro; en consecuencia, se acercó secretamente a Campe, la vieja carcelera del Tártaro, la mató, le quitó las llaves y después de poner en libertad a los Cíclopes y a los gigantes de las cien manos, los fortaleció con comida y bebida divinas. En consecuencia los Cíclopes le dieron a Zeus el rayo como arma ofensiva, a Hades un yelmo que la hacía invisible, y a Posidón un tridente. Después de celebrar los tres hermanos un consejo de guerra. Hades se presentó invisible ante Crono para robarle sus armas; y mientras Posidón le amenazaba con el tridente, desviando de este modo su atención, Zeus lo derribó con el rayo. Los tres gigantes de las cien manos alzaron rocas y las arrojaron contra los demás Titanes y un grito súbito de la Cabra-Pan los puso en fuga. Los dioses los persiguieron. Crono y todos los Titanes vencidos, excepto Atlante, fueron desterrados a una isla británica del lejano oeste (o, según algunos, confinados en el Tártaro), bajo la guardia de los gigantes de las cien manos. No volvieron a perturbar la Hélade. A Atlante pese a ser su jefe de guerra, se le impuso un castigo ejemplar, ordenándole sostener el firmamento sobre sus espaldas; pero se perdonó a las Titánides, en atención a Metis y Rea[8].
f. Zeus mismo instaló en Belfos la piedra que había vomitado Crono. Está todavía allí, se la unta constantemente con aceite y se ofrecen sobre ella hebras de lana destejida[9].
g. Algunos dicen que Posidón no fue devorado ni vomitado, sino que Rea dio a Crono en lugar de él un potro, y lo ocultó entre las manadas de caballos[10]. Y los cretenses, que son mentirosos, refieren que Zeus nace cada año en la misma cueva con un fuego centelleante y un chorro de sangre, y que cada año muere y lo en-tierran[11].

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1. Rea, igualada con Crono como Titánide del séptimo día, puede ser igualada con Dione, o Diana, la triple diosa del culto de la paloma y el roble (véase 11.2). La podadera que llevaba Saturno, el equivalente latino de Crono. tenía la forma de pico de cuervo y al parecer se utilizaba en el séptimo mes del año sagrado de trece meses para castrar el roble podándole el muérdago (véase 50.2), del mismo modo en que se utilizaba una hoz ritual para segar la primera espiga de trigo. Esto daba la señal para el sagrado sacrificio de Zeus-rey; y en Atenas, Crono, que compartía un templo con Rea, era adorado como el dios de la Cebada, Sábado, anualmente cercenado en el sembrado y llorado como Osiris o Litierses o Mañeros (véase 136.e). Pero en la época a que se refieren estos mitos se permitía ya a los reyes prolongar sus reinados hasta un Año Grande de cien lunaciones y ofrecer víctimas anuales de niños en su lugar; de aquí que se describa a Crono como devorando a sus propios hijos para evitar el destronamiento. Porfirio (Sobre la abstinencia, ii.56) nos cuenta que los Curetes cretenses solían ofrecer sacrificios de niños a Crono en la antigüedad.
2. En Creta se sustituyó pronto a la víctima humana por un cabrito; en Tracia, por un ternero; entre los adoradores eolios de Posidón, por un potro; pero en los distritos atrasados de Arcadia todavía se comía sacrificialmente a niños, incluso en la era cristiana. No está claro si el ritual eleo era antropófago, o si, por ser Crono un Cuervo-Titán, se alimentaba a los cuervos sagrados con la víctima sacrificada.
3. El nombre de Amaltea. «tierna», demuestra que fue una diosa doncella; lo era una diosa-ninfa orgiástica (véase 56.1); Adrastea significa «la Inevitable», la Vieja oracular del otoño. Juntas formaban la habitual tríada de la Luna. Los griegos posteriores identificaron a Adrastea con la diosa pastoral Némesis, del fresno que produce la lluvia, la que se había convertido en una diosa de la venganza (véase 32.2). lo era representada en Argos como una vaca blanca en celo —algunas monedas cretenses de Praesus muestran a Zeus amamantado por ella—, pero Amaltea, que vivía en la «Colina de la Cabra», fue siempre una cabra; y Meliseo («hombre de miel»), el padre de Adrastea e Io, es en realidad su madre Melisa, la diosa como abeja-reina, quien mataba anualmente a su consorte varón. Tanto Diodoro Sículo (v.70) como Calímaco (Himno a Zeus, 49) hacen que las abejas alimenten al niño Zeus. Pero a su madre adoptiva se la describe también a veces como una cerda, porque ése era uno de los emblemas de las diosas viejas (véase 74.4 y 96.2). En las monedas cidonias es una perra, como la que amamantó a Neleo (véase 68.d). Las osas son los animales de Ártemis (véase 22.4 y 80.c) —los Curetes asistían a sus holocaustos— y Zeus como serpiente es Zeus Ctesio, protector de los almacenes, porque las serpientes acaban con los ratones.
4. Los Curetes eran los compañeros armados del rey sagrado, y el chocar de sus armas tenía por finalidad ahuyentar a los demonios durante las ceremonias rituales (véase 30.a). Su nombre, que los griegos posteriores interpretaban como «jóvenes que se han afeitado el cabello», probablemente significaba «devotos de Ker o Car», título muy difundido de la triple diosa (véase 57.2). Heracles obtuvo su cornucopia del toro Aqueloo (véase 142.d), y el enorme tamaño de los cuernos de las cabras monteses de Creta ha hecho que los mitógrafos que no conocen Creta hayan dado a Amaltea un cuerno de vaca anómalo.
5. Los helenos invasores parecen haber ofrecido su amistad a la población pre-helénica que profesaba el culto de los Titanes, pero poco a poco separaron de ellos a sus súbditos aliados e invadieron el Peloponeso. La victoria de Zeus en alianza con los gigantes de cien manos sobre los Titanes de Tesalia, según Thallus, historiador del siglo primero, citado por Taciano en su Alocución a los griegos, tuvo lugar «322 años antes del sitio de Troya», es decir, en 1505 a. de C., fecha admisible para una extensión del poderío heleno en Tesalia. La concesión de la soberanía a Zeus recuerda un acontecimiento análogo de la epopeya de la creación babilonia, cuando Marduk recibió poderes para luchar contra Tiamat de sus hermanos mayores Lahmu y Lahamu.
6. La hermandad de Hades. Posidón y Zeus recuerda la de la trinidad masculina védica —Mitra, Varuna e Indra— (véase 3.1 y 132.5) que aparece en un tratado hitita que ha sido fechado alrededor de 1380 a. de C.; pero en este mito parecen representar tres invasiones helenas sucesivas llamadas comúnmente jonia, eolia y aquea. Los adoradores pre-helenos de la diosa Madre asimilaron a los jonios, que se convirtieron en hijos de Io; domeñaron a los eolios, pero fueron arrollados por los aqueos. Los caudillos helenos primitivos, quienes se convirtieron en reyes sagrados de los cultos del roble y del fresno, adoptaron los títulos de «Zeus» y «Posidón» y se les obligaba a morir al final de su reinado establecido (véase 45.2). Esos dos árboles tienden a atraer el rayo y, por lo tanto, figuran en las ceremonias populares para conseguir la lluvia y el fuego en toda Europa.
7. La victoria de los aqueos puso fin a la tradición de los sacrificios reales. Clasificaron a Zeus y Posidón entre los inmortales, y representaban a ambos armados con el rayo: un hacha doble de pedernal que en otro tiempo había manejado Rea y que en las religiones minoica y micénica no podía ser utilizada por los varones (véase 131.6). Más tarde el rayo de Posidón se convirtió en un arpón de pesca de tres púas, pues sus principales devotos se habían hecho marinos; en tanto que Zeus conservó el suyo como símbolo de la soberanía suprema. El nombre de Posidón, que a veces se escribía Potidan, puede haber sido tomado del de su diosa madre, del cual recibió el suyo la ciudad de Potidea, «la diosa del agua del Ida»; Ida significaba toda montaña boscosa. Que los gigantes de las cien manos guardaran a los Titanes en el lejano oeste puede significar que los pelasgos, entre cuyos restos se hallaban los centauros de Magnesia —centauro es quizás análogo al latino centuria, «grupo guerrero de cien hombres»— no abandonaron su culto de los Titanes y siguieron creyendo en un Paraíso situado en el Lejano Oeste y en que Atlante sostenía el firmamento.
8. El nombre de Rea es probablemente una variante de Era. «tierra»; su ave principal era la paloma y su animal más importante el león de montaña. El nombre de Deméter significa «diosa de la Cebada»; Hestia (véase 20.c) es la diosa del hogar doméstico. La piedra de Delfos, utilizada en las ceremonias para provocar la lluvia, parece haber sido un meteorito de gran tamaño.
9. Dicte y el monte Liqueo eran antiguas sedes del culto de Zeus. Un sacrificio de fuego se ofrecía probablemente en el monte; Liqueo, donde ninguna criatura proyectaba su sombra; es decir, al mediodía en el solsticio de verano; pero Pausanias añade que si bien en Etiopía cuando el sol está en Cáncer los hombres no proyectan sombras, éste es invariablemente el caso en el monte Liqueo. Quizás se trate de un juego de palabras: a nadie que violaba aquel recinto se le permitía seguir viviendo (Arato: Fenómenos, 91), y era bien sabido que los muertos no arrojan sombras (Plutarco: Cuestiones griegas 39). La caverna de Psicro, considerada habitualmente como la Caverna Dictea, está mal ubicada para que sea la verdadera, que todavía no ha sido descubierta. Onfalión («ombliguito») sugiere la ubicación de un oráculo (véase 20.2).
10. El grito súbito de Pan que aterrorizó a los Titanes se hizo proverbial y ha dado la voz «pánico» (véase 26.c).


[1] Escoliasta sobre Apolonio de Rodas: i.1124.
[2] Apolodoro: i.1.5; Hesíodo: Teogonía 453-67.
[3] Polibio: xvi.12.6 y ss.; Pausanias: viii.38.5.
[4] Higinio: Astronomía poética ii.13; Arato: Fenómenos 163; Hesíodo: loc. cit.
[5] Filemón: Fragmento Ptergio i.l y ss.; Apolodoro: i.1.6; Ateneo: 375f. y 376a; Calímaco: Himno a Zeus 42.
[6] Hesíodo: 485 y ss.; Apolodoro: i.1.7; Primer Mitógrafo Vaticano: 104: Calímaco: Himno a Zeus 52 y ss.; Lucrecio: ii.633-9; Escoliasta sobre Arato: v.46; Higinio: Fábula 139.
[7] Higinio: loc. cit.; Apolodoro: loc. cit.; Hesíodo: loc. cit.
[8] Hesíodo: loc. cit.; Higinio: fábula 118; Apolodoro: i.1.7 y i.2.1; Calímaco: Himno a Zeus 52 y ss.; Diodoro Sículo: v.70; Eratóstenes: Catasterismoi 21; Pausanías: viii.8.2; Plutarco: Por qué callan los oráculos 16.
[9] Pausanias: x.24.5.
[10] Ibíd.: viii.8.2.
[11] Antonino Liberalis: Transformaciones 19; Calímaco: Himno a Zeus 8.