9.- ZEUS Y METIS

Robert Graves: "Los mitos griegos"

Traductor: Luis Echávarri, revisión: Lucía Graves

9.- ZEUS Y METIS

a. Algunos helenos dicen que Atenea tenía un padre llamado Palas, un gigante cabrío alado, que más tarde trató de ultrajarla y cuyo nombre agregó al suyo después de despojarlo de la piel, con la que hizo la égida, y de las alas, que se puso en sus propios hombros[1]; si, en verdad, la égida era la piel de la gorgona Medusa, a la que desolló después de que Perseo le decapitase[2].
b. Otros dicen que su padre era un tal Itono, un rey de Itón en Ftiótide, cuya hija Yodama fue muerta por Atenea al dejarla ver accidentalmente la cabeza de la Gorgona
[3], convirtiéndola así en un bloque de piedra, cuando penetró sin derecho en el recinto de noche.
c. Otros aun dicen que su padre era Posidón, pero que ella lo repudió y pidió a Zeus que la adoptara, cosa que él hizo de buena gana
[4].
d. Pero los propios sacerdotes de Atenea relatan la siguiente fábula acerca de su nacimiento. Zeus codiciaba a la Titánide Metis, quien adoptó muchas formas para eludirlo, hasta que por fin la atrapó y la dejó encinta. Un oráculo de la Madre Tierra declaró entonces que daría a luz a una niña y que, si Metis volvía a concebir, pariría un varón que estaba destinado a destronar a Zeus, como Zeus había destronado a Crono y Crono había destronado a Urano. En consecuencia, habiendo instado a Metis con palabras melosas, a que se acostara sobre un lecho, Zeus abrió de pronto la boca y se la tragó; éste fue el fin de Metis, aunque él pretendía luego que ella le aconsejaba desde dentro de su vientre. Cuando transcurrió el tiempo debido Zeus sintió un furioso dolor de cabeza al dirigirse a las orillas del lago Tritón, hasta el extremo de que parecía que le iba a estallar el cráneo, y lanzaba tales gritos de ira que todo el firmamento resonaba con su eco. Corrió a su encuentro Hermes, quien inmediatamente adivinó la causa del. Malestar de Zeus. Convenció a Hefesto, o, según dicen algunos, a Prometeo, para que tomase su cuña y su martinete y abriese una brecha en el cráneo de Zeus; de ella salió Atenea, plenamente armada y dando un potente grito
[5].

*

1. J. E. Harrison describió con gran acierto la fábula del nacimiento de Atenea de la cabeza de Zeus como «un recurso teológico desesperado para despojarla de sus condiciones matriarcales». Es también una insistencia dogmática en la sabiduría como prerrogativa masculina; hasta entonces solamente la diosa había sido sabia. En efecto, Hesíodo se las arregló para conciliar tres opiniones contradictorias:

1. Atenea, la diosa de la ciudad de Atenas, era hija partenogénita de la inmortal Metis, Titánide del cuarto día y del planeta Mercurio, quien gobernaba toda la sabiduría y los conocimientos.
2. Zeus devoró a Metis, pero con eso no perdió la sabiduría (es decir, que los aqueos suprimieron el culto de los Titanes y atribuyeron toda la sabiduría a su dios Zeus).
3. Atenea era hija de Zeus (es decir, que los aqueos insistían en que los atenienses debían reconocer, el señorío supremo patriarcal de Zeus).

Había tomado el mecanismo de su mito de ejemplos análogos: Zeus persiguiendo a Némesis (véase 32.b); Cronos devorando a sus hijos e hijas (véase 7.a); Dioniso renaciendo del muslo de Zeus (véase 14.c); y la apertura de la cabeza de la Madre Tierra por dos hombres con hachas, al parecer para dar salida a Core (véase 24.3), como se ve, por ejemplo, en una zafra con figuras negras de la Biblioteca Nacional de París. Posteriormente, Atenea es la portavoz obediente de Zeus y suprime deliberadamente sus antecedentes. Emplea sacerdotes y no sacerdotisas.
2. Palas, con el significado de «doncella», es un nombre inapropiado para el gigante alado cuyo atentado contra la castidad de Atenea se deduce probablemente de una representación gráfica de su casamiento ritual, como Atenea Lafria, con un rey cabra (véase 89.4) tras una lucha armada con su rival (véase 8.1). Esta costumbre libia del casamiento con cabras se extendió al norte de Europa, formando parte de las fiestas de la Víspera de Mayo. Los akan, un pueblo libio, desollaban en un tiempo a sus reyes.
3. El repudio por Atenea de la paternidad de Posidón se relaciona con un cambio temprano en el señorío de la ciudad de Atenas ( véase 16.3).
4. El mito de Itono («hombre-sauce») representa la pretensión de los itomanos de que adoraban a Atenea incluso antes de que lo hicieran los atenienses; y su nombre demuestra que ella tenía un culto del sauce en Ftiótide, como el de su equivalente, la diosa Anatha en Jerusalén, hasta que los sacerdotes de Jehová la expulsaron y recabaron el sauce hacedor de la lluvia como su árbol en la Fiesta de los Tabernáculos.
5. Habría significado la muerte para un hombre quitar una égida —la túnica de castidad de piel de cabra que llevaban las muchachas libias— sin el consentimiento de su propietaria; de aquí la máscara de gorgona profiláctica puesta sobre ella, y la serpiente oculta en el zurrón o saco de cuero. Pero como a la égida de Atenea se la describe como un escudo, yo sugiero en La diosa blanca que se trataba de una bolsa para cubrir un disco sagrado, como el que contenía el secreto alfabético de Palamedes y cuya invención se le atribuye (véase 52.a y 162.5). El profesor Richter sostiene que las figurillas chipriotas, que sostienen discos del mismo tamaño proporcionado que el famoso de Festo, el cual lleva en forma de espiral una leyenda sagrada, eran anteriores a Atenea y su égida. Los escudos de los héroes tan minuciosamente descritos por Hornero y Hesíodo parecen haber llevado pictografías grabadas en una faja en forma de espiral.
6. Yodama que significa probablemente «novilla de Io», puede haber sido una antigua imagen de piedra de la diosa Luna (véase 56.1) y la fábula de su petrificación es una advertencia a las muchachas curiosas contra la violación de los Misterios (véase 25.d).
7. Sería un error considerar a Atenea como única o predominantemente la diosa de Atenas. Varias acrópolis antiguas estaban consagradas a ella, incluyendo las de Argos (Pausanias: ii.24.3), Esparta (ibíd.: 3.17.1), Troya (Ilíada, vi.88), Esmirna (Estrabón: iv-1.4), Epidauro (Pausanias: ii.32.5), Trecén (Pausanias: iii.23.10) y Feneo (Pausanias: x.38.5). Todos éstos son lugares pre-helenos


.[1] Tzetzes: Sobre Licofrón 355
.[2] Eurípides: Ion 995
.[3] Pausanias: ix.34.1
.[4] Herodoto: iv.180
.[5] Hesíodo: Teogonía 886-900; Píndaro: Odas olímpicas vii.34 y ss.; Apolodoro: i.3.6.